SOPS
10-nov-2004, 01:19
Flyers, el arte de lo efímero
Cuando sales de fiesta te bombardean indiscriminadamente tras cada esquina. Su objetivo es colarse en tu bolsillo. Todo un reto, porque la mayoría acabarán en el suelo, pisoteados sin piedad :eek: . Sólo unos pocos afortunados sobrevivirán para guiarte en los difíciles caminos de la noche, aunque, de todos modos, su vida tiene fecha de caducidad. Al día siguiente habrán quedado desfasados y su recuerdo se esfumará :0= de tu memoria al mismo tiempo que la resaca. Propaganda de diseño, arte de usar y tirar: los flyers van, vienen y vuelan.
Para los no iniciados, un flyer es una octavilla que anuncia discotecas y eventos nocturnos. Se encuentra en bares y tiendas de moda o bien se distribuye por la calle, con el fin de conducir a los noctámbulos hacia el acontecimiento que tiene lugar esa noche. A veces, cuando se presenta en la puerta de la discoteca sirve como descuento o, incluso, como entrada gratuita.
De un mismo flyer se lanzan centenares de copias reproducidas en serie, que sólo sirven durante unas horas. Salidos de la imprenta, recorren todos los rincones de la ciudad hasta el amanecer, porque, cuando la fiesta que publicitan se haya terminado, caducarán. A partir de ese momento habrán perdido todo su significado y serán sustituidos por otras octavillas que anunciarán la fiesta de la noche siguiente. Este carácter perecedero es lo que mejor define al flyer. Un diseñador puede pasarse muchos días encerrado en su estudio para crear algo que expirará en muy poco tiempo. Y al expirar, és más que probable que acabe en la basura.
Diseño de usar y tirar
Está claro que el propósito de todo flyer es exclusivamente comercial. Sin embargo, cuando echamos un vistazo a alguno de ellos apenas se lee el producto. Una imagen lo invade todo, como si engullera la información. Será una fotografía o una ilustración, hecha a mano o digitalmente, cuanto más atractiva mejor. Acompañando la imagen aparecerá el logotipo del local y, como mucho, en letras pequeñitas, algunas palabras sobre el disc jockey o la sala. Pero lo que vende, lo que debe conquistar al cliente y convencerlo, no es otra cosa que la mudez del diseño gráfico.
Con todo, ¿podemos considerar que este diseño es arte? ¿Podemos llamar arte a algo reproducible a gran escala, tan fugaz y tan maltratado? Si es así, el flyer posee una contradicción altamente conceptual: es arte que se puede pisar, que puedes tirar a la papelera sin remordimientos. El espectador humilla la obra. Es más, la octavilla no guarda ninguna pretensión de permanecer para la posteridad, puesto que existe solamente para una noche y para un lugar; pasa de puntillas por el mundo. No le damos ningún valor, porque objetivamente no lo tiene: su adquisición es gratuita. :D
Los restos del pop-art
Barajando estas razones, podemos llegar a considerar que el flyer es una nueva modalidad artística fruto de nuestra sociedad industrializada y capitalista.
No en vano, hay quien ve en el flyer restos del pop-art, esto es, los últimos coletazos del movimiento que en los años cincuenta predicó que la obra de arte debía dejar de ser única para convertirse en un mero elemento de consumo. El pop-art empleó objetos al alcance de todo el mundo para elevarlos a la categoría de belleza y, mediante técnicas de reproducción en cadena, los dirigió a un público de masas. Es significativa la afirmación de Richard Hamilton, uno de los máximos exponentes del movimiento, en la que expresó su deseo de que el arte fuera "efímero, popular, barato, producido en serie, joven e ingenioso". Pues así son los flyers. Siendo temerarios, tal vez, ¿por qué no podríamos pensar que la famosa Marylin Monroe de Andy Warhol fue uno de los precedentes modernos de nuestros flyers?
Del mismo modo que hicieron los artistas pop, también podemos entrar en el debate sobre la originalidad de la obra que tenemos en las manos. ¿Quién es su creador, el diseñador o la máquina que la reprodujo? ¿Dónde estará la octavilla primordial, de la cual el resto son solo imitaciones? ¿Y cuál es su importancia, cuando hay miles de copias volando por la ciudad? Preguntas que se las lleva el viento, como a los flyers.
La palabra "flyer" proviene del inglés "fly", volar, y se refiere a las primeras octavillas lanzadas en grandes cantidades desde aviones estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Los flyers nacieron como arma de propaganda para arengar a las tropas e amedrentar al enemigo. :cool:
Cuando sales de fiesta te bombardean indiscriminadamente tras cada esquina. Su objetivo es colarse en tu bolsillo. Todo un reto, porque la mayoría acabarán en el suelo, pisoteados sin piedad :eek: . Sólo unos pocos afortunados sobrevivirán para guiarte en los difíciles caminos de la noche, aunque, de todos modos, su vida tiene fecha de caducidad. Al día siguiente habrán quedado desfasados y su recuerdo se esfumará :0= de tu memoria al mismo tiempo que la resaca. Propaganda de diseño, arte de usar y tirar: los flyers van, vienen y vuelan.
Para los no iniciados, un flyer es una octavilla que anuncia discotecas y eventos nocturnos. Se encuentra en bares y tiendas de moda o bien se distribuye por la calle, con el fin de conducir a los noctámbulos hacia el acontecimiento que tiene lugar esa noche. A veces, cuando se presenta en la puerta de la discoteca sirve como descuento o, incluso, como entrada gratuita.
De un mismo flyer se lanzan centenares de copias reproducidas en serie, que sólo sirven durante unas horas. Salidos de la imprenta, recorren todos los rincones de la ciudad hasta el amanecer, porque, cuando la fiesta que publicitan se haya terminado, caducarán. A partir de ese momento habrán perdido todo su significado y serán sustituidos por otras octavillas que anunciarán la fiesta de la noche siguiente. Este carácter perecedero es lo que mejor define al flyer. Un diseñador puede pasarse muchos días encerrado en su estudio para crear algo que expirará en muy poco tiempo. Y al expirar, és más que probable que acabe en la basura.
Diseño de usar y tirar
Está claro que el propósito de todo flyer es exclusivamente comercial. Sin embargo, cuando echamos un vistazo a alguno de ellos apenas se lee el producto. Una imagen lo invade todo, como si engullera la información. Será una fotografía o una ilustración, hecha a mano o digitalmente, cuanto más atractiva mejor. Acompañando la imagen aparecerá el logotipo del local y, como mucho, en letras pequeñitas, algunas palabras sobre el disc jockey o la sala. Pero lo que vende, lo que debe conquistar al cliente y convencerlo, no es otra cosa que la mudez del diseño gráfico.
Con todo, ¿podemos considerar que este diseño es arte? ¿Podemos llamar arte a algo reproducible a gran escala, tan fugaz y tan maltratado? Si es así, el flyer posee una contradicción altamente conceptual: es arte que se puede pisar, que puedes tirar a la papelera sin remordimientos. El espectador humilla la obra. Es más, la octavilla no guarda ninguna pretensión de permanecer para la posteridad, puesto que existe solamente para una noche y para un lugar; pasa de puntillas por el mundo. No le damos ningún valor, porque objetivamente no lo tiene: su adquisición es gratuita. :D
Los restos del pop-art
Barajando estas razones, podemos llegar a considerar que el flyer es una nueva modalidad artística fruto de nuestra sociedad industrializada y capitalista.
No en vano, hay quien ve en el flyer restos del pop-art, esto es, los últimos coletazos del movimiento que en los años cincuenta predicó que la obra de arte debía dejar de ser única para convertirse en un mero elemento de consumo. El pop-art empleó objetos al alcance de todo el mundo para elevarlos a la categoría de belleza y, mediante técnicas de reproducción en cadena, los dirigió a un público de masas. Es significativa la afirmación de Richard Hamilton, uno de los máximos exponentes del movimiento, en la que expresó su deseo de que el arte fuera "efímero, popular, barato, producido en serie, joven e ingenioso". Pues así son los flyers. Siendo temerarios, tal vez, ¿por qué no podríamos pensar que la famosa Marylin Monroe de Andy Warhol fue uno de los precedentes modernos de nuestros flyers?
Del mismo modo que hicieron los artistas pop, también podemos entrar en el debate sobre la originalidad de la obra que tenemos en las manos. ¿Quién es su creador, el diseñador o la máquina que la reprodujo? ¿Dónde estará la octavilla primordial, de la cual el resto son solo imitaciones? ¿Y cuál es su importancia, cuando hay miles de copias volando por la ciudad? Preguntas que se las lleva el viento, como a los flyers.
La palabra "flyer" proviene del inglés "fly", volar, y se refiere a las primeras octavillas lanzadas en grandes cantidades desde aviones estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Los flyers nacieron como arma de propaganda para arengar a las tropas e amedrentar al enemigo. :cool: